Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren

Trata de las aventuras de una niña divertida, mentirosa y anarquista. Sí, anarquista. Una niña que no teme a los adultos ni a la sociedad. Una niña que vive como le da la real gana y que no le importa lo que piensen los demás, salvo sus seres queridos, a saber, los adorables Tommy y Annika.


Leyéndolo, me dio por pensar en los protagonistas infantiles más “contestatarios”, una costumbre de la literatura infantil del siglo pasado que desgraciadamente se ha perdido en la actualidad para vendernos héroes sumisos y con un rollo más cool que se enamoran, luchan por ser más guays o contra terribles enemigos fantásticos, e investigan, pero poco más (ejemplos como Gerónimo y Tea Stilton, el Capitán Calzoncillos, Greg y su diario, Harry Potter, y ya en la literatura juvenil, los vampiros de la saga Crepúsculo).


¿Por qué se ha abandonado esa costumbre? ¿Qué hay de malo en enseñar al niño a divertirse y ser uno mismo? ¡A ser niño y no adulto! ¡A dejar las leyes y las reglas a un margen y disfrutar de la infancia! Los protagonistas anarquistas de las novelas y cuentos infantiles son personajes bondadosos, valientes, imaginativos, activos y con una salud y unos hábitos nada desdeñables. ¿Acaso eso es malo? ¿No queremos eso para nuestros hijos, sobrinos o nietos?

Pero no está de moda o de aparecer en las novelitas infantiles y juveniles, lo hacen señalados como personajes cuyo final será catastrófico, como ejemplo de mala conducta. Atrás quedaron esos personajes que nos despertaron nuestra imaginación infantil.
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