Acerca del voto proporcional y las condiciones de afiliación – F.O.R.A.

Los ítems 10.1 y 10.2 del orden del día del XXV Congreso de la AIT vuelven sobre una discusión zanjada en relación a las dinámicas para la toma de decisiones en el seno de la AIT. Se vuelve a presentar un criterio según el cual una cantidad mayor de afiliados por sección implica, en estricta lógica representativa, mayor capacidad de decisión, es decir, una distribución desigual de las decisiones al interior de la Internacional.

En relación a los requisitos de afiliación, este mismo criterio vincula el carácter de una organización, tanto en su condición de organización obrera como en su condición de organización emancipativa (que son los aspectos que la AIT debe considerar por encima de cualquier otro) con la cantidad de afiliados. Menos de 100 afiliados, se dice, “es una cantidad intolerable para cualquier organización que se considere una central sindical a nivel estatal”.

En una sola frase se vuelve evidente que no se comprende la existencia de federaciones que, por su carácter emancipativo inscripto en las formas orgánicas internas, no se regulan hacia su interior bajo la égida del número, en la medida en que advierten que la totalización de la representación numérica y la centralización de las organizaciones están ligadas indisolublemente. Por eso es que, como bien se observa en la argumentación del punto, “en el anterior congreso la CNT-E llevó la propuesta de afiliación mínima de 150 afiliados y no prosperó, asimismo USI llevó la propuesta de 25 afilados y tampoco prosperó”. Y luego dirán que 100, y luego 75, como si buscaran dar con el número adecuado, cuando lo que se está invalidando, por ser contrario al principio de igualdad, es la lógica representativa del número de afiliados, y no la cantidad.

Tanto una federación de organizaciones como una central se constituyen a partir de la existencia de organizaciones, no de individuos. La cuenta de los individuos afiliados a las organizaciones, o que participan en ellas, que a su vez se afilien a una central, o adhieran a una federación, no expresa el carácter ni el funcionamiento de una organización, no nos dice nada acerca de si efectivamente activa en su región, ni cómo lo hace, ni la consistencia de las ideas que enuncia respecto de su acción permanente y viceversa. No desconocemos la importancia que tiene el volumen de una organización obrera para la acumulación de la fuerza diferencial que necesita para librar batalla. Somos perfectamente conscientes de eso, y es por eso que trabajamos sistemáticamente en contrarrestar la lógica representativa de la democracia liberal para convencer a nuestros compañeros de clase de que es imprescindible organizarse en virtud de la acción directa, que las elecciones no sirven de nada porque la representación política no sirve de nada, que la mentira de la democracia está basada en la representación que se instituye sobre la justificación del número y de la proporción. Insistimos en afirmar ante nuestros compañeros que es imprescindible organizarse a partir de principios que no nos condenen a repetir lo mismo mil veces. Para una organización revolucionaria, reproducir los aspectos políticos de la sociedad que habita se llama fracaso.

El requisito de afiliación según el número de afiliados de la sección postulante instituye el primer paso de lo que luego será (de lo que se intenta que sea) un régimen representativo proporcional, porque lo que da entidad a una organización es la cantidad de individuos que “posee”, como si se tratara de un quilaje de sentido. Este es un modo de comenzar a perder, si es que no se ha perdido ya, la claridad en relación con lo que la coherencia de principios, medios y fines pueda significar actualmente.

Es preciso dimensionar y evaluar con profundidad las condiciones del momento actual en todo el mundo. La adhesión o afiliación, tratándose de organizaciones libertarias, es expresión de una voluntad autónoma en relación a la importancia que tiene organizarse con otros para dar batalla contra un sistema social injusto. No puede ser de otra manera, sino a costa de perder el carácter emancipativo de la organización. Suponer que esa clase de voluntad está socialmente extendida al punto de que prosperen organizaciones obreras emancipativas en el mundo, es cuanto menos confundirse de siglo. En un momento como éste, cuando nuestro esfuerzo a nivel local, regional e internacional debería estar centrado en promover las ideas que confluyan en la creación de organizaciones revolucionarias, traer el requisito numérico para conjurar los riesgos que pueda haber de que pequeños grupos obturen el ingreso de grandes organizaciones, es poner el carro delante de los caballos.

Como bien se dice en la argumentación, este es un punto que ya fue discutido en el XXIV Congreso. ¿Es preciso tener que retomar las actas para que los compañeros entiendan por qué éste punto no prosperó en aquél momento? ¿La CNTE volverá sobre lo mismo mil veces, desconociendo las negativas de sus compañeros, intentando negociar con un descuento de 50 votos cada vez? De ser así, una y mil veces la respuesta será la misma, y el tono será el que corresponda a una insistencia que comienza a ser insolente.

A las actas del XXIV Congreso se adjunta un extenso texto leído en aquella oportunidad. En él se expresó la FORA con argumentos detallados por la negativa ante la intención de CNTE de introducir en la AIT el régimen representativo del voto proporcional, propio de las democracias liberales. La FORA no tiene nada que decir acerca de la forma en la que se organicen nuestros compañeros, pero tiene mucho para decir en relación a la posibilidad de transformar a la AIT en una organización representativa en la que se reflejen las dinámicas democráticas liberales.

En esto no puede haber medias tintas. Lo que nos diferencie de organizaciones estatales no será la retórica y la gestualidad revolucionaria, sino la consistencia con la que construyamos espacios decisionales emancipativos, destinados a la defensa de los intereses de los trabajadores pero también a la revolución social. Podemos ser minoría mientras nos esforzamos en propagar nuestras ideas y trabajamos en la construcción de espacios cada vez más convocantes sin perder la consistencia. Lo que no podemos es confundir nuestras ideas y comenzar a reproducir los mecanismos que decimos combatir para después echar mano de ellos en la primer oportunidad en la que no sabemos cómo resolver nuestros problemas.

¿Acaso es posible imaginar la implementación de mecanismos parlamentarios en el seno de la AIT?

La argumentación declara que el voto proporcional surge como necesidad de desarrollar mecanismos de control para evitar que “organizaciones testimoniales”, que no se sabe si “existen o no”, tengan “el mismo voto que otras con miles de afiliados”. ¿Acaso no recuerdan que esto ya se discutió? Nuestros mecanismos para verificar la existencia y la pertinencia de las organizaciones adheridas a la AIT no es una cuestión declarativa. ¿Es más verdadera una organización porque dice que tiene miles de afiliados y cotiza como si los tuviera? Esta fantasía democrática no es el principal problema de este asunto, sino el primer indicio que muestra la futilidad de un argumento tan pobre que, siendo el único que hay, no sirve para nada.

Por otra parte: ¿puede darse por sentado que existan en la AIT organizaciones testimoniales, organizaciones que en verdad no existen? No importa si el voto de una organización testimonial vale uno o vale dos: ese fenómeno no puede ocurrir en la AIT, y la manera de evitarlo es teniendo una permanente vinculación entre las secciones existentes, desarrollando al mismo tiempo mecanismos de protección de la dinámica interna que impidan manipulaciones, infiltraciones, o incidencias de cualquier orden que alteren el carácter igualitario de la Internacional. Sobre esto hay mucho para hacer y discutir, indudablemente, porque es uno de los conflictos actuales al interior de la AIT. Pero no es esto lo que se intenta resolver: simplemente se intenta crear una distribución de atribuciones diferenciales de manera que ciertas organizaciones tengan más poder de decisión que otras.

En la argumentación de CNT-E, enunciada a título del Sindicato de Zaragoza (dejemos de lado, por un momento, la importancia de esclarecer por qué llegan al seno de la AIT, en la confección del orden del día de un Congreso, las consideraciones del sindicato de Zaragoza, que no es una Sección de la AIT) no se nos ofrecen argumentos ideológicos para un punto tan controversial como la modificación del principio igualitario en el régimen de las decisiones internas de la AIT. Lo único que se ofrece es la vaga evocación de cierto pragmatismo inconsistente. Y, como ya se ha dicho oportunamente, lo pragmático siempre tiende a ser conservador. ¿Es que renunciamos a las ideas en virtud del pragmatismo? ¿Es que acaso concebimos que puedan estar disociados nuestros principios de nuestros mecanismos? Si, además, un pragmatismo ni siquiera es efectivo para los fines que declara, se convierte sencillamente en un procedimiento reaccionario capaz de retrasar 200 años en el desarrollo de una organización. Cuanto más se insiste en este aspecto, más se debilita la posición histórica de la AIT en contra del régimen político de las democracias liberales.

Sirva, en este sentido, traer un fragmento de la ponencia de la FORA ante el mismo punto en el XXIV Congreso, recuerdo que hubiéramos querido innecesario: “En momentos como éste, en los que los trabajadores del mundo nos enfrentamos a una reformulación de las estructuras políticas, económicas y sociales del capitalismo, es imperioso que la AIT se afirme como la organización internacional emancipativa que es, a través de un accionar efectivo de todas sus secciones y de una plena consistencia ideológica. Sabemos que el desafío es grande, y lo conocemos bien, ya que es el desafío cotidiano que enfrentamos en nuestra experiencia local. Pero sabemos también que hay un único camino a seguir que es el de la libertad y la emancipación. Por eso es que nuestro convencimiento nos lleva a reafirmar la necesidad de que las herramientas que construyamos para nuestra organización como trabajadores, han de ser plenamente consistentes respecto al principio igualitario que siempre sostuvimos y que seguimos sosteniendo”.

La acción directa no es una muletilla. Nuestra pregunta es: ¿Nos oponemos al parlamentarismo tan mal que lo traemos al seno de la única organización internacional de trabajadores que se opone a él?

Los compañeros de la FORA deseamos intensamente que este punto no vuelva a ser traído al seno de la AIT. Al menos no sin rebatir los argumentos expresados. Nuestra intención es que esta discusión fraterna no quede simplemente en actas como si se tratara de letra muerta. Queremos convocar a todos los compañeros del mundo a reflexionar acerca de cuáles son las condiciones actuales ante las que las organizaciones obreras emancipativas han de imprimir el carácter igualitario indispensable para acabar alguna vez con este sistema de desigualdades que hoy gobierna el mundo.

 

Texto extraido de http://gargantas-libertarias.blogspot.co.uk/2013/12/la-fora-contra-las-propuestas-sobre-la.html.

Aunque es un texto de relativa antigüedad, sigue en plena vigencia y es parte imprescindible para entender la situación del anarcosindicalismo internacional.

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