Huelga De Hambre En Las Cárceles: El Cuerpo Como Trinchera

El cuerpo habla, con sus tatuajes cuenta de dónde viene o a quién amó, lleva las marcas de los cortes que lxs detenidxs se hacen a sí mismxs para lograr la atención del servicio penitenciario por algo que se necesita. Humillado en las requisas, con malestares digestivos por la mala comida que reciben o la medicación vencida que proporcionan como parches ante enfermedades que más que pastillas requieren intervenciones quirúrgicas. El cuerpo, tantas veces objeto de la crueldad que propina el servicio penitenciario y la justicia en general hacia lxs detenidxs, esta vez se rebela a todo o nada: huelga de hambre.

Cuando no se cuenta con los recursos necesarios, ni con vías de expresión y de acceso a los medios de comunicación, a los pibes y pibas sólo les queda usar el cuerpo como arma que exponga, que manifieste, que denuncie: Las huelgas tienen fundamentos y el juez te da cabida sólo si es en pos de pelear por un derecho que se está violando. Recurrir a la huelga es formalizar un reclamo, vos querés que el juez se entere de lo que está pasando, de que no se están cumpliendo tus derechos. Porque a las denuncias dónde las hacés sino, ¿en una comisaría? No. A vos te pueden estar haciendo matar de hambre en la cárcel y ¿cómo sacás a la luz eso? Testimonio de un compañerx ex privadx de su libertad. 

Una medida como tal deja en evidencia que no sólo se les priva la libertad ambulatoria, sino también de los derechos a ejercer libremente una protesta. Las personas privadas de su libertad recurren a la huelga de hambre como instrumento de lucha pacífica ante situaciones extremas. Es una medida que compromete la integridad física y que implica el propio castigo en pos de que sus reclamos sean escuchados, siendo una vez más la carne de cañón en una batalla de intereses.

Una manifestación de dicha índole implica el verdugueo y desgaste sistemático por parte de las diferentes autoridades que intervienen en las cárceles, como es el caso de los traslados de una cárcel a otra por parte del Servicio Penitenciario, o la imposibilidad constante de comunicarse con los/as defensores/as de los juzgados, entre otros.

Para resguardar su integridad física, lxs detenidxs recurren a herramientas judiciales que les permiten notificar desde el momento que comienza la huelga, hasta las condiciones de encierro en las que se encuentran. La más efectiva es el habeas corpus, término que proviene del latín y significa “cuerpo presente”: Con una huelga de hambre les hago saber a todos los responsables, a los abogados, al juzgado qué es lo que está pasando y los comprometés ante cualquier cosa que te pase a vos. Se presenta un habeas corpus que obliga al juez a juntarte cara a cara con la persona detenida y saber qué es lo que está pasando. Es un recurso legal que es el más picante de todos, deja por sentado lo que está sucediendo. Si no respondés a eso, estás faltando a la ley.

El comienzo de una huelga : armar la trinchera

Las huelgas de hambre en las cárceles no suelen surgir de la nada, sino que son una expresión de las malas condiciones de vida en que se vive allí dentro: grandes índices de hacinamiento, falta de atención médica, aislamiento, problemas de infraestructura, mala alimentación, etc. Una olla a presión que siempre está a punto de estallar, pero que precisa de una comunicación colectiva para que esto último suceda.

A la hora de hacer el pedido hay que tener en cuenta los reclamos generales, no individuales. De pedir cosas que nos beneficien a todxs. Vos podés hacer un planteo a nivel colectivo cuando están las condiciones dadas en el pabellón para que eso suceda. Las huelgas generales pueden gestarse en espacios de organización que ya lo vienen pensando, o porque te están cagando a palos y decís basta y nos paramos de mano todxs contra la gorra. Es una chispa que puede venir de una organización ya pensada, o de la nada. No tiene una sola forma de ser. Vos como individuo no podés pelear contra todo un sistema que viola la constitución, los derechos humanos. No podés. Entonces hay que organizar algo más general, más grande y ahí recurrís a los propios pibes y pibas del centro o que estudian y leen y saben más de la cuestión. La gente que está presa no tiene abogados, somos nosotros nuestros propios abogados y abogadas. Entonces confías en esas personas. No es lo mismo ir un par a hacer bardo a la reja en donde te pegan un escopetazo y dicen que te querías escapar, que hacer un proceso legal que articule esa demanda también con organizaciones o personas que trabajen, a veces no tanto, pero que trabajen para que acá dentro no se violen tanto nuestro derechos.

En algunas ocasiones la huelga traspasa los límites de los muros de una unidad hacia otras unidades penales, volviéndose una huelga general con diferencias en las especificidades de los reclamos, pero detrás de esto existe un sentir en unidad: todxs se encuentran privadxs de su libertad en malas condiciones de encierro. Esta tarea resulta enormemente difícil debido al poco acceso a la comunicación con el afuera, pero no imposible. El diálogo, la negociación, el planeamiento de estrategias entre celdas y pabellones, así como la puesta en prácticas de las mismas, en un contexto que busca romper con todo tipo lazo comunitario y de solidaridad entre los pibes y las pibas, es un claro indicio de resistencia y organización colectiva. Muchas veces las huelgas se replican por fuera de la unidad, y te sumás. La gorra siempre trata de que no nos comuniquemos, pero por algún lado lo hacés llegar. Por ejemplo cuando venís de traslado, o por una unidad de depósito te enterás “vengo de olmos y hay un reclamo por tal y tal cosa”.

Después cuando volvés a tu unidad lo contás y se replica de toque.

Los pibes y las pibas hablan, se comunican, y es allí donde comienza la huelga. Se redacta un documento que se presenta a las autoridades del servicio penitenciario de la unidad, se inicia un protocolo. Teniendo en cuenta las características de las personas que se alojan allí, se toman decisiones: lxs enfermxs con hiv no hacen huelga pero la apoyan, las mujeres que se encuentran privadas de su libertad con sus hijxs tampoco, pero hacen huelga de brazos caídos (dejan de realizar sus oficios, necesarios para el funcionamiento de la cárcel), etc. Entre nosotrxs hay un pacto establecido, la idea de la huelga no la ponen en práctica lxs enfermxs o los pabellones de mujeres madres por ejemplo. Porque en el caso de que tengas vih avanzado, sabés que si pasás unos días sin comer te morís. Porque también hay que tener en cuenta que el cuidado de por sí es malo, más allá de la huelga. Entonces no les vamos a pedir que no coman. Con los pabellones de mujeres madres pasa algo similar, todo bien, pero lxs pibxs no pueden estar sin comer. Hay que correrlxs del medio.

Poner el cuerpo: resistir en unidad

Si comenzar una huelga de hambre en la cárcel y lograr que traspase los muros de la unidad penal es difícil, mantenerla lo es aún más.

En caso de huelga, la policía lo primero que hace es engomar. Aislar a la gente, individualizarla. No hay reuniones, no hay colegio, no hay actividades, se corta el teléfono, se corta la comunicación con la calle, se corta la visita. No hay movimiento excepto que tengas que ir al juzgado. Tratan de eso, que lxs presxs no hablen, no dialoguen entre ellxs.

Eso no puede ser. También están las requisas, pueden ir todos los días a requisarte la celda… cualquier horario, todo el tiempo. Es para que te canses.

La huelga no sólo implica no ingerir alimentos sólidos, sino también dejar de realizar los oficios que mantienen la unidad penal en funcionamiento: cocinar, repartir la comida, limpiar, etc. Por esto la huelga es mucho más que de hambre, es una manifestación de un montón de cosas que están ahí, que se viven, de las necesidades de todos los días, y de la expresión colectiva de resistencia. A través de diferentes prácticas, el servicio penitenciario intenta desgastar, interrumpir, incomunicar. Como no hay actividades y no se trabaja tampoco, la policía reparten ellos la comida. Entonces vos estás dentro de la celda y el encargado pasa por el pasillo con el asado o unos churrascos enfrente tuyo. Son cosas básicas pero que te hace un trabajo psicológico tremendo. Porque pensá que vos estás en huelga hace cuatro días y ponele que vos no te importan los reclamos porque te estás por ir en libertad y te pasan con esos churrascos en la cara…. No lo hacen solo por maldad, sino porque saben que eso genera conflicto entre lxs propixs pibxs. Después salta el “qué onda que nosotros estamos haciendo huelga y vos te cocinás un churrasco”. Eso da pie a que se arme bardo y la policía te pueda reprimir. Porque después dicen que no era una huelga pacífica, que se armó quilombo y tuvieron que reprimir. O como decía el servicio hace poquito “tuvimos que evacuar el pabellón por seguridad de lxs presxs” y que les da permiso para que hagan eso y dejarnos mal a nosotrxs.

El factor más importante que se pone en juego en las huelgas de hambre es la gobernabilidad de la cárcel, a ningún funcionario le conviene tener un penal descontrolado, por ello envían a otrxs presxs a recabar información y dividir: la policía el manejo de la cárcel lo hace a través de lxs presxs, tiene ortivas laburando para ellos. Se tiene que tener identificado a las personas que pueden llegar a romper una huelga porque pasan información a la policía y esas cosas. Vos para hacer una huelga necesitás saber quiénes son lxs ortivas, lxs que te pueden poner a la gente en contra y así.

La angustia que viven desde afuera las familias también se siente, teniendo en cuenta que algunas personas tienen más de un familiar dentro, y la falta de comunicación sólo empeora el sentimiento: Yo una de las veces que hice huelga estaba presx con mi hermanx. Y uno a veces dice bueno, me la banco si ya estoy en cana, vamos con ésta… pero estaba mi hermanx, mi familia conmigo y verlo sin comer por seis días, todx flacx… es muy triste. Y así como estaba yo, éramos muchos más con primxs, tu viejo, tu vieja y cuando te llega que están en huelga no podés decir que no. La cárcel es así, está llena de tus vecinxs del barrio, de tu familia. Siempre a alguien conocés. Eso es lo que convoca, lo que te mueve… para la policía es imposible frenar una cosa así.

El fin de la huelga: la organización como un logro

La huelga de hambre general termina cuando se consigue ser escuchadxs o cuando, tras los intentos de romperla, el servicio penitenciario lo logra. A pesar de ello lo que queda es la solidaridad, la organización de personas privadas de su libertad luchando codo a codo en un reclamo colectivo.

A veces uno desde afuera se imagina que después de una huelga hay tensión. Pero en realidad la tensión está todo el tiempo, es normal, es de todos los días. Lo que importa es lo que se logra, no las consecuencias que una protesta pueda hacer. Porque si estás en cana qué más te puede pasar, si ya estuviste cagadx de hambre miles de veces, te golpearon otras miles de veces más, no hay comodidad en un castigo. Cuando hicimos la huelga con mi hermanx, a mí después casi desmayadx me llevaron de acá para allá y me terminaron trasladando a otra unidad. Cuando logro rescatar un teléfono después de dos días, llamo a mi casa y me atiende mi hermanx. Había salido en libertad gracias a la huelga. Estaba detenidx arbitrariamente hace 3 años y no podía estar en cana legalmente y en la misma situación que él, muchas personas más recuperaron su libertad. Entonces vos decís, valió la pena. Cuando ves que hay todo un sistema armado para aislar o incluso matar a la gente pobre, cuando ves esa verdad y sabés que hay mucha más gente que la va a pelear con vos, está muy bueno.

No siempre los logros de una huelga pueden verse a simple vista, sino que requieren de un análisis más profundo de la situación previa a ella. Hay huelgas que hacen que logres cosas chiquitas, como que te escuchen simplemente o que te mejoren un plato de comida, te hace dar cuenta que si te lo proponés y si se lo proponen entre todos y todas, algo podés lograr. Todos los días tenés que pelearla por el simple hecho de estar ahí. Todos los días tenés que tratar de conseguirte un plato de comida y eso es grave. Todos los días tenés represalias por estar ahí nada más. Yo no me asombro que las huelgas sean tan frecuentes, porque lxs pibxs ya vienen de unos re bondis desde que pisaron la cárcel. Pero con la diferencia de que esta vez, se toma conciencia de que en realidad estamos sufriendo todos lo mismo y sabés que el enemigo es otro, que el enemigo está afuera. Nos hacen creer que los enemigos somos nosotrxs, pero el enemigo es el que tiene el poder y abusa siempre de nuestros derechos.

El cuerpo marcado, sometido a suplicios, forzado a trabajos, encerrado. El cuerpo como trinchera de lucha contra todo aquello que debe ser cambiado, pero no está solo: miles de cuerpos lo acompañan.

Atrapamuros Educación Popular En Cárceles

Texto extraido de https://lubakiagenda.net

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